viernes, 17 de febrero de 2012

Para echarse a temblar

Android es un caballo de Troya fantástico

 
Una oficina en la que los empleados van de un lado para otro rodando sobre un monopatín, donde gozan de masajes gratis o una empresa que acaba comprando el garaje que sus fundadores alquilaron para ponerla en marcha, poniendo a su entonces casera en un puesto ejecutivo que le ha permitido hacerse millonaria. Ese es el lado más romántico de Google que, aunque sigue manteniendo su cara amable, esta ha quedado sepultado por una profunda metamorfosis que le ha llevado a ser una de una de las empresas más valoradas y más temidas de la última década. "Creo que es mucho más valiosa por lo que esconde que lo que enseña", asegura Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña (Madrid, 1973). "Si la información es poder, es la compañía más poderosa del mundo", añade. Este empresario e inversor especializado en el sector de las nuevas tecnología es el autor de 'Desnudando a Google', un libro en el que intenta presentar la cara menos conocida de uno de los grandes fenómenos de Internet, "sino el mayor", de los últimos años.
"Es una empresa fantástica para ser trabajar en ella y además tiene algunos productos que ya son imprescindibles. Pero por otro lado devora datos, hace muy difícil la competencia y tiene algunas prácticas que están al límite de su propio lema 'Don't be evil'(No seas malvado)", opina Suárez, mientras afirma que el origen de este profundo cambio de la compañía que en su día fundaron Larry Page y Sergey Brin tiene su origen en la salida a Bolsa en 2004, "cuando tuvieron que responder a los intereses" de miles de inversores que exigían mayores y mejores resultados. "Antes de ese momento decían que se puede hacer negocios de forma ética. Sin embargo, en los últimos años han pisado en repetidas ocasiones el límite de lo que puede definirse como ético", agrega.
Alejandro Suárez,que cuenta con un largo historial como asesor de capitales de riesgo, cree que la voracidad que sus directivos han demostrado en los últimos años ha mermado la competencia y, por tanto, la posibilidad de innovar en un mercado, Internet, que cada día se presenta más saturado. "Son empresas que tienen tanto talento y tanta capacidad financiera, que lo que no generen ellas lo van a acabar comprando. El espacio queda es mínimo. A día de hoy la Red es básicamente Yahoo, Microsoft, Facebook y muy especialmente Google. Con estas cuatro compañías está casi todo el pescado vendido", se lamenta.
El peaje de la privacidad
Sin embargo, opina que la privacidad no debe ser el peaje a pagar por el usuario en medio de una espiral de nuevos lanzamientos tecnológicos que lideran estas grandes marcas. "Eric Schmidt -ex Consejero Delegado de Google- dijo que si quieres que algo no se sepa es mejor que no estés haciéndolo. Para ellos, los avances implican perder una parte de privacidad. Para mí eso es una quimera, porque estamos hablando de un derecho fundamental", explica.
A pesar de todo, cree que no existe alternativa en Internet para el usuario medio. "Habría que darse de baja del mundo. Google tiene tentáculos en todas las industrias. La gente sigue pensando en Google como un buscador pero si accedes a un blog y ves un vídeo incrustado de YouTube sin ir a la página, están recopilando datos tuyos. Si navegas en tu portátil o si utilizas un smartphone es prácticamente imposible no utilizar alguno de sus programas".
Hace especial hincapié al referirse al sector de la telefonía móvil, con el que Google "garantiza la supervivencia del buscador al menos durante veinte años más". "Android es un caballo de Troya fantástico cuando hablamos de datos personales. Además, hay que darse cuenta de que vamos camino de una plataforma masiva si tenemos en cuenta que cada día se activan 600.000 teléfonos con este sistema en el mundo", analiza. Para él lo que realmente cambia con todo esto es que " ya no dependemos de un ordenador" y "hace que llevemos a Google en el bolsillo".
A pesar de las críticas y suspicacias que levanta cada movimiento de la empresa, Alejandro Suárez insiste en la idea "de que son los responsables de la actual organización de la información en la red". "Internet no sería sin ellos tal y como lo conocemos hoy. Además tienen decenas de productos, que de no existir, habría que inventarlos de la misma", aclara.
Google en el mundo
El autor insiste en la idea de que Google ha alcanzado estatus que le ha valido para ser uno de las preocupaciones para decenas de Gobiernos en varios puntos del mundo. Bien sea por la arquitectura financiera que utiliza para evitar pagar impuestos en muchos países donde opera o por las políticas de protección de datos, lo cierto es que las autoridades lo siguen atentamente. En el caso norteamericano, ven en el buscador un gran aliado. "Hay que recordar que la Agencia de Seguridad estadounidense tiene acuerdos estables con ellos porque saben todo o casi todo de millones de personas en todo el mundo".
Por eso mismo cree que aunque el Gobierno tenga abiertas varias investigaciones abiertas contra ellos con monopolio "simplemente se dedican a reñirles un poco" cuando se pasan de la línea. "Creo que pueden salir peor parados en las investigaciones de la Unión Europea, porque para Washington son un importante activo en sus intereses", explica Suárez, quien ve normal la oposición del buscador más conocido de la Red a la ley SOPA. "Esta norma llevada a su interpretación más profunda, hace que todas sus prácticas no sean del todo legales", explica. "Google es el Hollywood de los años 80. Es una de los factores con el que EE UU quiere conquistar económica y culturalmente el mundo".
¿Y China?¿Qué papel juega en los planes de la compañía? "A pesar del que firmó un acuerdo para seguir operando, China no representa nada para las cuentas de Google. La cuota de mercado es la menor de los países donde actúan", afirma con rotundidad mientras recuerda que en países europeos como España cuentan con una cuota de mercado del 97%. "El pacto -suscrito por todos los operadores extranjeros que quieren trabajar en el país- obliga, entre muchas otras cosas a censurar las búsquedas sobre disidencia. Aunque lo mantienen, es cierto que se han comenzado a revolver contra la misma censura que apoyaron para trabajar allí".

fuente:

http://www.lasprovincias.es/rc/20120214/mas-actualidad/tecnologia/para-google-amenaza-facebook-201202140047.html

Para echarse a temblar

Android es un caballo de Troya fantástico

 
Una oficina en la que los empleados van de un lado para otro rodando sobre un monopatín, donde gozan de masajes gratis o una empresa que acaba comprando el garaje que sus fundadores alquilaron para ponerla en marcha, poniendo a su entonces casera en un puesto ejecutivo que le ha permitido hacerse millonaria. Ese es el lado más romántico de Google que, aunque sigue manteniendo su cara amable, esta ha quedado sepultado por una profunda metamorfosis que le ha llevado a ser una de una de las empresas más valoradas y más temidas de la última década. "Creo que es mucho más valiosa por lo que esconde que lo que enseña", asegura Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña (Madrid, 1973). "Si la información es poder, es la compañía más poderosa del mundo", añade. Este empresario e inversor especializado en el sector de las nuevas tecnología es el autor de 'Desnudando a Google', un libro en el que intenta presentar la cara menos conocida de uno de los grandes fenómenos de Internet, "sino el mayor", de los últimos años.
"Es una empresa fantástica para ser trabajar en ella y además tiene algunos productos que ya son imprescindibles. Pero por otro lado devora datos, hace muy difícil la competencia y tiene algunas prácticas que están al límite de su propio lema 'Don't be evil'(No seas malvado)", opina Suárez, mientras afirma que el origen de este profundo cambio de la compañía que en su día fundaron Larry Page y Sergey Brin tiene su origen en la salida a Bolsa en 2004, "cuando tuvieron que responder a los intereses" de miles de inversores que exigían mayores y mejores resultados. "Antes de ese momento decían que se puede hacer negocios de forma ética. Sin embargo, en los últimos años han pisado en repetidas ocasiones el límite de lo que puede definirse como ético", agrega.
Alejandro Suárez,que cuenta con un largo historial como asesor de capitales de riesgo, cree que la voracidad que sus directivos han demostrado en los últimos años ha mermado la competencia y, por tanto, la posibilidad de innovar en un mercado, Internet, que cada día se presenta más saturado. "Son empresas que tienen tanto talento y tanta capacidad financiera, que lo que no generen ellas lo van a acabar comprando. El espacio queda es mínimo. A día de hoy la Red es básicamente Yahoo, Microsoft, Facebook y muy especialmente Google. Con estas cuatro compañías está casi todo el pescado vendido", se lamenta.
El peaje de la privacidad
Sin embargo, opina que la privacidad no debe ser el peaje a pagar por el usuario en medio de una espiral de nuevos lanzamientos tecnológicos que lideran estas grandes marcas. "Eric Schmidt -ex Consejero Delegado de Google- dijo que si quieres que algo no se sepa es mejor que no estés haciéndolo. Para ellos, los avances implican perder una parte de privacidad. Para mí eso es una quimera, porque estamos hablando de un derecho fundamental", explica.
A pesar de todo, cree que no existe alternativa en Internet para el usuario medio. "Habría que darse de baja del mundo. Google tiene tentáculos en todas las industrias. La gente sigue pensando en Google como un buscador pero si accedes a un blog y ves un vídeo incrustado de YouTube sin ir a la página, están recopilando datos tuyos. Si navegas en tu portátil o si utilizas un smartphone es prácticamente imposible no utilizar alguno de sus programas".
Hace especial hincapié al referirse al sector de la telefonía móvil, con el que Google "garantiza la supervivencia del buscador al menos durante veinte años más". "Android es un caballo de Troya fantástico cuando hablamos de datos personales. Además, hay que darse cuenta de que vamos camino de una plataforma masiva si tenemos en cuenta que cada día se activan 600.000 teléfonos con este sistema en el mundo", analiza. Para él lo que realmente cambia con todo esto es que " ya no dependemos de un ordenador" y "hace que llevemos a Google en el bolsillo".
A pesar de las críticas y suspicacias que levanta cada movimiento de la empresa, Alejandro Suárez insiste en la idea "de que son los responsables de la actual organización de la información en la red". "Internet no sería sin ellos tal y como lo conocemos hoy. Además tienen decenas de productos, que de no existir, habría que inventarlos de la misma", aclara.
Google en el mundo
El autor insiste en la idea de que Google ha alcanzado estatus que le ha valido para ser uno de las preocupaciones para decenas de Gobiernos en varios puntos del mundo. Bien sea por la arquitectura financiera que utiliza para evitar pagar impuestos en muchos países donde opera o por las políticas de protección de datos, lo cierto es que las autoridades lo siguen atentamente. En el caso norteamericano, ven en el buscador un gran aliado. "Hay que recordar que la Agencia de Seguridad estadounidense tiene acuerdos estables con ellos porque saben todo o casi todo de millones de personas en todo el mundo".
Por eso mismo cree que aunque el Gobierno tenga abiertas varias investigaciones abiertas contra ellos con monopolio "simplemente se dedican a reñirles un poco" cuando se pasan de la línea. "Creo que pueden salir peor parados en las investigaciones de la Unión Europea, porque para Washington son un importante activo en sus intereses", explica Suárez, quien ve normal la oposición del buscador más conocido de la Red a la ley SOPA. "Esta norma llevada a su interpretación más profunda, hace que todas sus prácticas no sean del todo legales", explica. "Google es el Hollywood de los años 80. Es una de los factores con el que EE UU quiere conquistar económica y culturalmente el mundo".
¿Y China?¿Qué papel juega en los planes de la compañía? "A pesar del que firmó un acuerdo para seguir operando, China no representa nada para las cuentas de Google. La cuota de mercado es la menor de los países donde actúan", afirma con rotundidad mientras recuerda que en países europeos como España cuentan con una cuota de mercado del 97%. "El pacto -suscrito por todos los operadores extranjeros que quieren trabajar en el país- obliga, entre muchas otras cosas a censurar las búsquedas sobre disidencia. Aunque lo mantienen, es cierto que se han comenzado a revolver contra la misma censura que apoyaron para trabajar allí".

fuente:

http://www.lasprovincias.es/rc/20120214/mas-actualidad/tecnologia/para-google-amenaza-facebook-201202140047.html

miércoles, 15 de febrero de 2012

El test de turing

El test de Turing
por Marcelo Dos Santos (especial para Axxón)
www.mcds.com.ar
LA INTELIGENCIA
La inteligencia artificial es uno de los conceptos básicos de la ciencia informática del siglo XX y de lo que va del XXI. Pero, como con toda clase de inteligencia, para estudiar los sistemas (u organismos) así llamados "inteligentes", primero debimos definir lo que se entendía por inteligencia, tarea que, a lo largo de los siglos, ha demostrado ser salvajemente ímproba.
Si tomamos, por ejemplo, algunas hormigas aisladas, se comportarán como animales más bien estúpidos, y correrán incansablemente alrededor hasta morir miserablemente de hambre y de sed. Si, en cambio, tomamos un millón de hormigas (y si entre ellas, para mejor, hay una reina), de inmediato se organizarán para convertirse en una especie de superorganismo completamente autosuficiente, capaz de construir increíblemente sofisticados sistemas de soporte vital para las crías, de elaborar sistemas de producción, maquinaria bélica, de mantener la homeostasis de la comunidad y mil etcéteras más.
Existen retrasados mentales que son capaces de hacer, en cuestión de segundos, operaciones matemáticas para las cuales muchos ingenieros necesitan calculadoras, y ciertos peces, aves y mamíferos pueden realizar actividades que sorprenden por la elegancia, la sutileza y la eficiencia que demuestran.
Como se ve, la inteligencia verdadera es una entidad bastante difícil de definir. Si una hormiga es tonta pero mil no, entonces se trata de un atributo comunitario. Sin embargo, muchas arañas no ven otra araña de su especie en la vida y se comportan desde que nacen con una inteligencia soberbia. Nadie puede negar la inteligencia del perro, del gato o del caballo, pero muchos seres humanos se comportan con indecible imbecilidad. Un mono crea y utiliza herramientas, y ciertos pájaros usan agujas de crochet, afilan ramas y, evidentemente, conocen mucho más del clima que los mejores meteorólogos.
¿Son inteligentes? ¿Lo somos nosotros? En realidad, como todo depende del cristal con que se mire, y nuestros ojos están teñidos de una fuerte carga antropocéntrica, con frecuencia nuestra definición de inteligencia se ve reducida a más o menos disimuladas comparaciones con lo que consideramos es la inteligencia humana.
Por supuesto, todo se complica mucho más cuando intentamos calibrar la inteligencia de una máquina.

EL TEST
En su célebre artículo Computing Machinery and Intelligence ("Maquinaria de cálculo e inteligencia") de 1950, el matemático británico Alan Turing quiso desarrollar un método para decidir si una máquina podía pensar o no. Si la capacidad de pensamiento es o no un sinónimo de la inteligencia es un tópico que queda fuera de los alcances de este artículo, pero esa fue la intención de Turing.

Alan Turing
Existe un test llamado "Juego de la Imitación", que se desarrolla de la siguiente manera: se colocan en una habitación un hombre y una mujer, frente a sendas terminales de computación con, por ejemplo, algún sistema de comunicación del tipo del IRC (Turing, por supuesto, les daba teletipos en 1950). En otra habitación aislada se encontraba el sujeto del estudio: el interrogador. El objetivo del juego era que el interrogador se diera cuenta de cuál era el hombre y cuál la mujer, haciéndoles cualquier pregunta que se le antojara -en lenguaje normal- a través del teletipo (o IRC). Los participantes, a su vez, se comportan de manera diferente con él: mientras que el hombre trata de convencerlo de que él es la mujer, ella intentará ayudar al interrogador a llegar a la verdad. Las preguntas podían versar sobre absolutamente cualquier tema. Es interesante observar los resultados: el interrogador muchas veces se equivoca, lo que significa que el hombre y la mujer logran su objetivo de engañarlo.
Lo que Turing propone en su trabajo de hace 56 años es reemplazar a una de las dos personas (el hombre) por una computadora. ¿Se equivocarían los sujetos tanto como cuando jugaban con dos seres humanos? Lamentablemente, la ambigüedad de los papeles de Turing no nos permite saber si su idea era que la mujer dijese la verdad sobre su condición ("Soy mujer") o si, además, intentaría engañar al sufrido sujeto.
Como lo que está en discusión no es si la máquina es más inteligente que la mujer, sino que tanto esta como la máquina intentan convencer al operador de que son una mujer (es decir, un ser humano), es obvio que el test de género se ha convertido en un test sobre la inteligencia. Había nacido el Test de Turing.

El Test de Turing
En efecto, por el simple expediente de reemplazar al hombre por la computadora, transformamos un experimento sobre la capacidad del ser humano para convencer a otro de una mentira en uno sobre la capacidad de la máquina para fingirse humana. El hecho de que Turing conservara un segunda persona (humana, porque muy bien podría haber planteado un test "uno contra uno", el interrogador hablando con alguien de quien no sabe si es humano o electrónico) parece sugerir, aunque el artículo no lo dice explícitamente, que el inglés pensaba que era necesaria una suerte de "comparación" entre uno y otro para el bien del experimento. Si creía que el hecho de "competir" contra un humano verdadero por la calificación humana del operador simplificaría o complicaría la labor de la máquina es algo que jamás sabremos. En la actualidad, a menudo se considera que asuntos tales como el número de participantes y los sexos de los humanos son irrelevantes para los fines del estudio. Ello es así porque en el resto de su papel, Turing ignora olímpicamente estos temas y se concentra en lo que él considera el problema principal: ¿Pueden las máquinas comunicarse en lenguaje verbal natural de modo que su discurso sea indistinguible del de un ser humano?
Llegamos, por fin, al fondo de la cuestión. Incluso los ejemplos de conversación que propone Turing (ajedrez, matemática, poesía) no son los que uno específicamente elegiría si la pregunta fuese acerca del sexo del interlocutor. Todos ellos exigen una sofisticada capacidad verbal, y por lo tanto parecen más bien destinados a determinar si el otro conoce bien el idioma, si sus centros del habla funcionan correctamente o incluso si posee un coeficiente intelectual normal. Expresamente reemplaza la pregunta crucial "¿Pueden pensar las máquinas?" por "¿Pueden las máquinas jugar al juego de la imitación?". La jugada del británico es inteligente, porque el análisis verbal no deja que los aspectos físicos de los sujetos interfieran con la evaluación, y la nueva pregunta tampoco limita la capacidad verbal a puntos específicos como dominar el ajedrez o la poesía. Por añadidura, la capacidad verbal reemplaza con éxito la pregunta acerca de la inteligencia, porque si bien la verbalidad no es toda la inteligencia, sí es una parte integrante y fundamental de lo que nosotros consideramos "inteligencia de tipo humano". Sería muy difícil imaginar, pongamos por caso, a una cultura extraterrestre que pudiéramos considerar tan inteligente como nosotros si la misma careciera de lenguaje. Para el caso, los insectos sociales son justamente eso: sociedades sumamente sofisticadas que carecen de lenguaje verbal.
Pero ¿cómo debería programarse una máquina que consiguiera pasar con éxito el Test de Turing? Turing mismo no es muy explícito en este sentido, pero sí afirma que "la mejor estrategia sería tratar de que el sistema proveyera respuestas similares a las que serían dadas naturalmente por un hombre". En otras palabras, no se preocupa demasiado por el proceso constructivo del programa de computación a utilizar, sino que se concentra en el aspecto "humano" de las respuestas obtenidas, esto es, en la naturaleza de la verbalidad deseable. Cualquier otro tipo de respuesta, por elaborada e inteligente que fuese, no sería reconocida como "humana" por otra persona, por lo que la máquina fallaría en pasar la prueba. Por otra parte, acepta implícitamente que máquinas que no imitan en absoluto el proceso cognitivo humano muy bien podrían pasar el test si producen respuestas que no se aparten demasiado de las que daríamos nosotros.
Para muchos detractores de Turing, esta falta de compromiso -en especial respecto del diseño de las máquinas que participan del juego- es una forma de hacer trampa. Por ejemplo: la capacidad aritmética se considera signo claro de inteligencia. Entonces, como la velocidad y exactitud de las respuestas de la computadora haría que el interrogador se diera cuenta de inmediato de que estaba hablando con una máquina, el programador podría introducir en el programa una demora, digamos, "humana" -de unos 30 segundos- para simular el cálculo mental, y dar entre un 10 y un 20% de respuestas erróneas para imitar nuestras propias falencias. Turing no prohibe esto. A la citada crítica podría oponerse el argumento de que muchas personas inteligentes que conozco son incapaces de dividir 3 por 5 y sin embargo no se me ocurriría dudar de su inteligencia. Por otra parte, muchos de los pacientes llamados "calculadores rápidos" hacen multiplicaciones de cifras de 20 dígitos en segundos pero no son capaces de vestirse ni comer solos.
Es cierto además que los que trabajan en inteligencia artificial viven buscando las causas de ciertos errores que las máquinas cometen espontáneamente y cuyos motivos no han sido encontrados ni siquiera comprendidos por sus mismísimos programadores, especialmente cuando hablamos de aprendizaje artificial. Ello es así porque ni el mejor programa de aprendizaje garantiza el éxito de la máquina ante datos aún desconocidos, y las computadoras tienden a equivocarse de maneras tan extrañas que los técnicos terminan devanándose los sesos durante meses o años antes de descubrir dónde estaba el problema.
Como, según todos los datos, Turing se conformaba para su particular definición de "inteligencia artificial" con una máquina que se expresara de forma imposible de distinguir de la de las personas, es inútil profundizar, como hacen sus enemigos, en la definición de "hacer trampa". Muy por el contrario, como casi todos los científicos aceptan hoy el Test de Turing como rasero estándar para la inteligencia artificial, si una máquina cuyo programa está basado en trampas pasa con éxito la prueba, tal vez iría siendo hora de replantearnos nuestros conceptos enteros de "inteligencia humana" y del modo de detectarla e identificarla.

Computadora de 1950
LAS OBJECIONES
Como Turing bien sabía, sus conceptos radicales y extraordinarios provocaron, de inmediato, una reacción enorme y contraria a su trabajo.
Claro que hubo (y hay) objeciones razonables y objeciones completamente absurdas. En primer lugar, comentaremos dos de estas últimas.
    • Objeción PES. Como Turing mismo parece sugerir en ciertos papeles que existe algún tipo de percepción extrasensorial, muchos de los opositores al test se tomaron de aquí para atacarlo. Lo que no consideraron es que a Turing le molestaba que un pequeño dejo de "clarividencia" de los intervinientes falseara el resultado de su test, por lo que decía a quien quisiera escucharlo que ese efecto debía despreciarse y no tomarse en cuenta. En caso necesario, podría diseñarse el experimento en condiciones tales que la PES no influyera sobre el mismo.
    • Objeción teológica. Esta es tan ridícula que casi ni merece mencionarse. Se dijo a Turing que el pensamiento lógico era una parte esencial de la funcionalidad del alma inmortal que Dios había infundido al Hombre. El matemático respondió (echando mano inteligentemente a los atributos de Dios) que si Dios era omnipotente, no representaba ningún problema para Él infundir un alma inmortal en una máquina si se le antojaba.
    • Las restantes objeciones fueron demolidas por el propio Turing en un excelente artículo de 1969 e incluso, anticipándose a sus críticos, en el mismo original de 1950.
    • Objeción "de la cabeza en la arena". Se le objetó que, si se descubriera que las máquinas son capaces de pensar por sí mismas, ello se convertiría en un asunto espantoso y en un gran peligro para la Humanidad. Turing respondió que se trataba de un típico caso de la falacia lógica conocida como argumentum ad consequentiam, un tipo de argumento que concluye que una premisa es verdadera o falsa dependiendo de si sus consecuencias son buenas o malas. Según esta falacia, por ejemplo, la bomba atómica es imposible, lo mismo que los genocidios étnicos, la estafa y el abuso infantil. Como las consecuencias son "deseables" o "indeseables" para el objetor, el argumento contiene su punto de vista parcial, por lo que el razonamiento completo es anticientífico. Turing dijo que la objeción mostraba lo que a sus adversarios no les gustaría que sucediese, no lo que no podía suceder. Las consecuencias de un hecho no nos dicen nada sobre el valor o falta de él de las premisas que le dieron origen.
    • La falacia de la cabeza en la arena viene a menudo disfrazada, simulando ser un argumento lógico, y, en última instancia, oculta el infantil convencimiento de ciertos seres humanos acerca de que ellos son "especiales" en algún sentido, y que su "talento especial" es precisamente la capacidad de pensar. Por lo tanto, si un simple test como el de Turing demostrara que las máquinas son capaces de hacer lo mismo, esos seres humanos "especiales" se sentirían amenazados y descorazonados. Suelen oponerse incluso a los estudios sobre inteligencia animal, así que no es muy difícil imaginar por dónde viene el asunto. El temor a las consecuencias es un hijo dilecto de la falacia teológica, y, como tal, muy utilizado por los grupos cristianos protestantes fundamentalistas entre otros. Si bien es cierto que esta falacia fue más común en tiempos de Turing que hoy en día, él no se privó de atacarla en su trabajo de 1950, recomendando a los creyentes en las consecuencias que se concentraran en el concepto de consuelo (en la transmigración de las almas), algo que las máquinas ciertamente no serían capaces de conseguir.
    • Objeciones matemáticas. El Teorema de la Incompletitud de Gödel, que el propio Turing estudió y aplicó a su test -y que nosotros desarrollamos en otra parte- expresa que en cualquier sistema matemático consistente, siempre habrá verdades que no pueden ser probadas. Esta objeción, afirma Turing, si bien es cierta para cualquier diseño mecánico, nunca será cierta ni pasible de probar para el intelecto humano y por tanto para la definición de inteligencia. Las objeciones basadas en el Teorma de Gödel, por lo tanto, suponen que la inteligencia artificial debe ser perfecta, probar todo y no cometer errores ni mostrar ambigüedades. Turing se apresura a decir que estos no son requerimientos esenciales ni para la inteligencia natural ni para la artificial, con lo que invalida el argumento.
    • Objeción de la conciencia. Esta objeción quizás sea la más poderosa, ya que expresa que la inteligencia requiere de la autoconciencia para existir. ¿Es esto así? Volviendo a nuestros ejemplos anteriores: ¿es autoconsciente la colonia de hormigas? La única manera de saberlo sería siendo esa colonia misma, lo que equivale al argumento del solipsismo, esto es, "sólo puedo estar seguro de que YO pienso, sea yo lo que sea". El argumento del solipsismo, íntimamente imbricado con el de la conciencia, es peligrosísimo. Los asesinos seriales, por ejemplo, son solipsistas: no entienden a sus víctimas como seres humanos con sufrimientos, dolores y autoconciencia, sino solamente como objetos de sus designios. El argumento de la conciencia aparece de inmediato al discutir el Test de Turing (y está también relacionado con la objeción teológica, por lo que es místico), y debe ser descartado de antemano por imposible de probar. Como yo no sé si mi perro es autoconciente, según este argumento no puedo probar que piensa, aunque los test de inteligencia lo demuestren más allá de toda duda. Turing escribió que esta objeción es absurda y debe ser abandonada en pro de la corrección y de la amabilidad, asumiendo que todos los organismos piensan. Lo mismo se hace extensivo a las computadoras -piensa a su manera-. Hacer lo contrario sería aceptar el solipsismo y con ello a Jack el Destripador, por citar un caso. Es suficiente con que la computadora aprenda, piense y sienta a la manera de un loro, escribe Turing, y que esas características se manifiesten en conversaciones más o menos simples como las que yo mantengo con mi ave. Turing reconoce, sin embargo, que el tema de la conciencia no es trivial; solo dice que no es imprescindible adentrarse en sus misterios para discutir acerca del pensamiento humano o animal, y ni siquiera para estudiar la inteligencia artificial.
    Planteado por primera vez por el doctor Jefferson Lister, quien escribió que la única forma de probar la inteligencia es mediante resultados originados en las emociones (capacidad para escribir un soneto o componer un concierto), Turing lo respondió diciendo que nadie puede estar seguro de que los demás tienen en verdad emociones, por lo que el test debe ser aceptado sin más. A las palabras del británico yo agrego que, si bien soy capaz de escribir sonetos bastante pasables, soy absolutamente impotente para escribir un concierto, por lo que según Lister soy solo inteligente a medias. De hecho, conozco personas sumamente inteligentes que no pueden hablar de corrido, lo que en modo alguno los convierte en idiotas. ¿Puede usted componer óperas alemanas, doctor Lister?


    • Objeción de las incapacidades. Se trata de los argumentos del tipo "las computadoras nunca podrán X", entendiéndose X por enamorarse, gustar del jugo de naranja, ser el objeto de su propio pensamiento o tener sentido del humor. Turing hace notar correctamente que esta objeción no es más que la objeción de la conciencia bajo un buen disfraz, lo que la invalida por principio.
    • Objeción de Lady Lovelace. Similar a los anteriores, dice que la máquina nunca podrá sorprendernos, nunca hará algo nuevo, nunca... Cualquier usuario de PC con sistemas operativos de Microsoft puede demostrar la falsedad de este argumento (permítaseme este chiste malo). Hablando en serio, Turing respondió que las máquinas lo sorprendían a menudo. Los autores de la objeción dijeron entonces que la "sorpresa" de Turing dependía de un proceso activo del propio Turing, y que no debía atribuirse a la máquina en sí. El matemático respondió que la sorpresa que nos provoca otro ser humano, un libro o una película también depende de un proceso activo de nuestra parte, con lo que canceló todo el argumento.
    • Objeción de la continuidad. Sus adeptos afirman que la máquina nunca podrá emular al cerebro humano porque el impulso nervioso es un fenómeno continuo (analógico) que no puede reproducirse por un sistema discreto (digital). Turing responde a este argumento diciendo que el funcionamiento de un cerebro continuo responde de manera discontinua o discreta durante el Test de Turing, de manera tal que el interrogador no puede distinguir cuál es digital y cuál no.
    • Objeción de la informalidad del comportamiento. Esta objeción dice que un sistema gobernado por leyes sería predecible y por lo tanto no inteligente. Una vez más, Turing destroza este argumento al demostrar que se trata de una confusión entre los conceptos de "reglas de conducta" (luz roja: pare) y "leyes de comportamiento" (si le arrojan un objeto, agáchese). Aún no hemos descubierto si el hombre está gobernado por un enorme complejo de leyes de comportamiento, pero, recientemente, el trabajo sobre algoritmos recursivos ha demostrado que, en todos los casos, los sistemas deterministas son capaces de una diversidad de comportamientos caóticos.
Revisando cuidadosamente todos los argumentos de los que están en contra del Test de Turing, se evidencia claramente que todas ellas son erróneas, falaces o ambas cosas, por lo que se puede concluir que no hay, desde tiempos de Turing y hasta el día de hoy, un sistema mejor que este para definir e investigar la existencia de una verdadera inteligencia artificial.


486DX2... ¿Se acuerda?

EL APRENDIZAJE
Turing escribió sobre el concepto de aprendizaje informático en sus trabajos de 1950 y de 1969. Según él, para intentar imitar una mente adulta sana y normal, tenemos que tener en cuenta tres factores:

  1. El estado inicial de la mente;
  2. La educación a la que ha sido sometida; y
  3. Todo otro aprendizaje que no caiga dentro de la definición de "educación".

La mente de un niño se asemeja a un cuaderno nuevo: pocos mecanismos y cantidad de papel en blanco. Las ideas de Turing sobre la educación de las máquinas son notablemente avanzadas, sobre todo considerando que fueron desarrolladas hace más de medio siglo. Turing dice que si queremos alcanzar el éxito en simular la inteligencia humana, debemos seguir el desarrollo de las mentes de los niños tan de cerca como nos sea posible. Los métodos que propone para ello son sorprendentes: por ejemplo, el del premio y el castigo.

LA DISCUSIÓN
Muchos han objetado (esta vez con cierta razón) que el Test de Turing no está diseñado para medir si las computadoras tienen inteligencia, sino si tienen inteligencia "humana" o de tipo humano. El argumento deriva de la forma antropomórfica que las ideas de Turing asignan a la inteligencia. Si la inteligencia de las máquinas debe manifestarse exclusivamente en forma verbal, entonces es obvio que estamos buscando un aspecto humano específico en el comportamiénto mecánico: el lenguaje.
En pocas palabras, es cierto que una máquina programada inteligentemente podría pasar el Test conversando al estilo humano pero sin ser inteligente en absoluto. También es una verdad como un puño que una máquina puede ser extremadamente inteligente sin poder hablar en absoluto. El cerebro genial de Hellen Keller era una computadora de este tipo, al igual que los de todos los sordomudos inteligentes del mundo. Con el mismo criterio, una persona normal estaría autorizada a considerar no inteligente a un bebé aún no verbal, a un caballo o a un mudo.
Se ha observado que, incluso si el Test de Turing pudiese identificar la inteligencia, seguiría sin poder probar la autoconciencia ni la intencionalidad. El problema aquí es que aún no estamos en condiciones de decir si los tres fenómenos son uno e indivisible, si la intención y la conciencia son prerrequisitos esenciales para la inteligencia, y ni siquiera si son tres aspectos de un mismo fenómeno.
Será necesario esperar a que las neurociencias avancen lo suficiente como para aclararnos estos aspectos del asunto antes de que podamos decir con certeza si el test se acerca o no a ser un "detector de inteligencia" como lo pretendió su creador.

LOS RESULTADOS
Es obligado aclarar que, mientras escribo esto , ninguna máquina del mundo ha conseguido pasar el Test de Turing.
El británico predijo que en el año 2000, una máquina con 119 Mb de memoria podría engañar al 30% de sus jueces humanos luego de una conversación de cinco minutos. Esto no ha sucedido aún, ni siquiera con máquinas muchas veces más potentes.
Los programas que sí han engañado a sus interlocutores (por ejemplo el llamado "ELIZA") lo han hecho partiendo de una mentira: no decirle al juez que posiblemente quien hablaba con él era una máquina. El Test de Turing parte de la base de que el interrogador está intentando activamente diferenciar a su interlocutor humano del mecánico, lo que invalida los estudios antedichos. Si a la persona se le dice que del otro lado puede haber una máquina, ningún programa puede engañarla.
...¿Todavía?... No lo sabemos. Habrá que esperar a futuros desarrollos para saber si, alguna vez, un aparato doméstico será capaz de pasar el famoso Test de Turing.

            

El test de turing

El test de Turing
por Marcelo Dos Santos (especial para Axxón)
www.mcds.com.ar
LA INTELIGENCIA
La inteligencia artificial es uno de los conceptos básicos de la ciencia informática del siglo XX y de lo que va del XXI. Pero, como con toda clase de inteligencia, para estudiar los sistemas (u organismos) así llamados "inteligentes", primero debimos definir lo que se entendía por inteligencia, tarea que, a lo largo de los siglos, ha demostrado ser salvajemente ímproba.
Si tomamos, por ejemplo, algunas hormigas aisladas, se comportarán como animales más bien estúpidos, y correrán incansablemente alrededor hasta morir miserablemente de hambre y de sed. Si, en cambio, tomamos un millón de hormigas (y si entre ellas, para mejor, hay una reina), de inmediato se organizarán para convertirse en una especie de superorganismo completamente autosuficiente, capaz de construir increíblemente sofisticados sistemas de soporte vital para las crías, de elaborar sistemas de producción, maquinaria bélica, de mantener la homeostasis de la comunidad y mil etcéteras más.
Existen retrasados mentales que son capaces de hacer, en cuestión de segundos, operaciones matemáticas para las cuales muchos ingenieros necesitan calculadoras, y ciertos peces, aves y mamíferos pueden realizar actividades que sorprenden por la elegancia, la sutileza y la eficiencia que demuestran.
Como se ve, la inteligencia verdadera es una entidad bastante difícil de definir. Si una hormiga es tonta pero mil no, entonces se trata de un atributo comunitario. Sin embargo, muchas arañas no ven otra araña de su especie en la vida y se comportan desde que nacen con una inteligencia soberbia. Nadie puede negar la inteligencia del perro, del gato o del caballo, pero muchos seres humanos se comportan con indecible imbecilidad. Un mono crea y utiliza herramientas, y ciertos pájaros usan agujas de crochet, afilan ramas y, evidentemente, conocen mucho más del clima que los mejores meteorólogos.
¿Son inteligentes? ¿Lo somos nosotros? En realidad, como todo depende del cristal con que se mire, y nuestros ojos están teñidos de una fuerte carga antropocéntrica, con frecuencia nuestra definición de inteligencia se ve reducida a más o menos disimuladas comparaciones con lo que consideramos es la inteligencia humana.
Por supuesto, todo se complica mucho más cuando intentamos calibrar la inteligencia de una máquina.

EL TEST
En su célebre artículo Computing Machinery and Intelligence ("Maquinaria de cálculo e inteligencia") de 1950, el matemático británico Alan Turing quiso desarrollar un método para decidir si una máquina podía pensar o no. Si la capacidad de pensamiento es o no un sinónimo de la inteligencia es un tópico que queda fuera de los alcances de este artículo, pero esa fue la intención de Turing.

Alan Turing
Existe un test llamado "Juego de la Imitación", que se desarrolla de la siguiente manera: se colocan en una habitación un hombre y una mujer, frente a sendas terminales de computación con, por ejemplo, algún sistema de comunicación del tipo del IRC (Turing, por supuesto, les daba teletipos en 1950). En otra habitación aislada se encontraba el sujeto del estudio: el interrogador. El objetivo del juego era que el interrogador se diera cuenta de cuál era el hombre y cuál la mujer, haciéndoles cualquier pregunta que se le antojara -en lenguaje normal- a través del teletipo (o IRC). Los participantes, a su vez, se comportan de manera diferente con él: mientras que el hombre trata de convencerlo de que él es la mujer, ella intentará ayudar al interrogador a llegar a la verdad. Las preguntas podían versar sobre absolutamente cualquier tema. Es interesante observar los resultados: el interrogador muchas veces se equivoca, lo que significa que el hombre y la mujer logran su objetivo de engañarlo.
Lo que Turing propone en su trabajo de hace 56 años es reemplazar a una de las dos personas (el hombre) por una computadora. ¿Se equivocarían los sujetos tanto como cuando jugaban con dos seres humanos? Lamentablemente, la ambigüedad de los papeles de Turing no nos permite saber si su idea era que la mujer dijese la verdad sobre su condición ("Soy mujer") o si, además, intentaría engañar al sufrido sujeto.
Como lo que está en discusión no es si la máquina es más inteligente que la mujer, sino que tanto esta como la máquina intentan convencer al operador de que son una mujer (es decir, un ser humano), es obvio que el test de género se ha convertido en un test sobre la inteligencia. Había nacido el Test de Turing.

El Test de Turing
En efecto, por el simple expediente de reemplazar al hombre por la computadora, transformamos un experimento sobre la capacidad del ser humano para convencer a otro de una mentira en uno sobre la capacidad de la máquina para fingirse humana. El hecho de que Turing conservara un segunda persona (humana, porque muy bien podría haber planteado un test "uno contra uno", el interrogador hablando con alguien de quien no sabe si es humano o electrónico) parece sugerir, aunque el artículo no lo dice explícitamente, que el inglés pensaba que era necesaria una suerte de "comparación" entre uno y otro para el bien del experimento. Si creía que el hecho de "competir" contra un humano verdadero por la calificación humana del operador simplificaría o complicaría la labor de la máquina es algo que jamás sabremos. En la actualidad, a menudo se considera que asuntos tales como el número de participantes y los sexos de los humanos son irrelevantes para los fines del estudio. Ello es así porque en el resto de su papel, Turing ignora olímpicamente estos temas y se concentra en lo que él considera el problema principal: ¿Pueden las máquinas comunicarse en lenguaje verbal natural de modo que su discurso sea indistinguible del de un ser humano?
Llegamos, por fin, al fondo de la cuestión. Incluso los ejemplos de conversación que propone Turing (ajedrez, matemática, poesía) no son los que uno específicamente elegiría si la pregunta fuese acerca del sexo del interlocutor. Todos ellos exigen una sofisticada capacidad verbal, y por lo tanto parecen más bien destinados a determinar si el otro conoce bien el idioma, si sus centros del habla funcionan correctamente o incluso si posee un coeficiente intelectual normal. Expresamente reemplaza la pregunta crucial "¿Pueden pensar las máquinas?" por "¿Pueden las máquinas jugar al juego de la imitación?". La jugada del británico es inteligente, porque el análisis verbal no deja que los aspectos físicos de los sujetos interfieran con la evaluación, y la nueva pregunta tampoco limita la capacidad verbal a puntos específicos como dominar el ajedrez o la poesía. Por añadidura, la capacidad verbal reemplaza con éxito la pregunta acerca de la inteligencia, porque si bien la verbalidad no es toda la inteligencia, sí es una parte integrante y fundamental de lo que nosotros consideramos "inteligencia de tipo humano". Sería muy difícil imaginar, pongamos por caso, a una cultura extraterrestre que pudiéramos considerar tan inteligente como nosotros si la misma careciera de lenguaje. Para el caso, los insectos sociales son justamente eso: sociedades sumamente sofisticadas que carecen de lenguaje verbal.
Pero ¿cómo debería programarse una máquina que consiguiera pasar con éxito el Test de Turing? Turing mismo no es muy explícito en este sentido, pero sí afirma que "la mejor estrategia sería tratar de que el sistema proveyera respuestas similares a las que serían dadas naturalmente por un hombre". En otras palabras, no se preocupa demasiado por el proceso constructivo del programa de computación a utilizar, sino que se concentra en el aspecto "humano" de las respuestas obtenidas, esto es, en la naturaleza de la verbalidad deseable. Cualquier otro tipo de respuesta, por elaborada e inteligente que fuese, no sería reconocida como "humana" por otra persona, por lo que la máquina fallaría en pasar la prueba. Por otra parte, acepta implícitamente que máquinas que no imitan en absoluto el proceso cognitivo humano muy bien podrían pasar el test si producen respuestas que no se aparten demasiado de las que daríamos nosotros.
Para muchos detractores de Turing, esta falta de compromiso -en especial respecto del diseño de las máquinas que participan del juego- es una forma de hacer trampa. Por ejemplo: la capacidad aritmética se considera signo claro de inteligencia. Entonces, como la velocidad y exactitud de las respuestas de la computadora haría que el interrogador se diera cuenta de inmediato de que estaba hablando con una máquina, el programador podría introducir en el programa una demora, digamos, "humana" -de unos 30 segundos- para simular el cálculo mental, y dar entre un 10 y un 20% de respuestas erróneas para imitar nuestras propias falencias. Turing no prohibe esto. A la citada crítica podría oponerse el argumento de que muchas personas inteligentes que conozco son incapaces de dividir 3 por 5 y sin embargo no se me ocurriría dudar de su inteligencia. Por otra parte, muchos de los pacientes llamados "calculadores rápidos" hacen multiplicaciones de cifras de 20 dígitos en segundos pero no son capaces de vestirse ni comer solos.
Es cierto además que los que trabajan en inteligencia artificial viven buscando las causas de ciertos errores que las máquinas cometen espontáneamente y cuyos motivos no han sido encontrados ni siquiera comprendidos por sus mismísimos programadores, especialmente cuando hablamos de aprendizaje artificial. Ello es así porque ni el mejor programa de aprendizaje garantiza el éxito de la máquina ante datos aún desconocidos, y las computadoras tienden a equivocarse de maneras tan extrañas que los técnicos terminan devanándose los sesos durante meses o años antes de descubrir dónde estaba el problema.
Como, según todos los datos, Turing se conformaba para su particular definición de "inteligencia artificial" con una máquina que se expresara de forma imposible de distinguir de la de las personas, es inútil profundizar, como hacen sus enemigos, en la definición de "hacer trampa". Muy por el contrario, como casi todos los científicos aceptan hoy el Test de Turing como rasero estándar para la inteligencia artificial, si una máquina cuyo programa está basado en trampas pasa con éxito la prueba, tal vez iría siendo hora de replantearnos nuestros conceptos enteros de "inteligencia humana" y del modo de detectarla e identificarla.

Computadora de 1950
LAS OBJECIONES
Como Turing bien sabía, sus conceptos radicales y extraordinarios provocaron, de inmediato, una reacción enorme y contraria a su trabajo.
Claro que hubo (y hay) objeciones razonables y objeciones completamente absurdas. En primer lugar, comentaremos dos de estas últimas.
    • Objeción PES. Como Turing mismo parece sugerir en ciertos papeles que existe algún tipo de percepción extrasensorial, muchos de los opositores al test se tomaron de aquí para atacarlo. Lo que no consideraron es que a Turing le molestaba que un pequeño dejo de "clarividencia" de los intervinientes falseara el resultado de su test, por lo que decía a quien quisiera escucharlo que ese efecto debía despreciarse y no tomarse en cuenta. En caso necesario, podría diseñarse el experimento en condiciones tales que la PES no influyera sobre el mismo.
    • Objeción teológica. Esta es tan ridícula que casi ni merece mencionarse. Se dijo a Turing que el pensamiento lógico era una parte esencial de la funcionalidad del alma inmortal que Dios había infundido al Hombre. El matemático respondió (echando mano inteligentemente a los atributos de Dios) que si Dios era omnipotente, no representaba ningún problema para Él infundir un alma inmortal en una máquina si se le antojaba.
    • Las restantes objeciones fueron demolidas por el propio Turing en un excelente artículo de 1969 e incluso, anticipándose a sus críticos, en el mismo original de 1950.
    • Objeción "de la cabeza en la arena". Se le objetó que, si se descubriera que las máquinas son capaces de pensar por sí mismas, ello se convertiría en un asunto espantoso y en un gran peligro para la Humanidad. Turing respondió que se trataba de un típico caso de la falacia lógica conocida como argumentum ad consequentiam, un tipo de argumento que concluye que una premisa es verdadera o falsa dependiendo de si sus consecuencias son buenas o malas. Según esta falacia, por ejemplo, la bomba atómica es imposible, lo mismo que los genocidios étnicos, la estafa y el abuso infantil. Como las consecuencias son "deseables" o "indeseables" para el objetor, el argumento contiene su punto de vista parcial, por lo que el razonamiento completo es anticientífico. Turing dijo que la objeción mostraba lo que a sus adversarios no les gustaría que sucediese, no lo que no podía suceder. Las consecuencias de un hecho no nos dicen nada sobre el valor o falta de él de las premisas que le dieron origen.
    • La falacia de la cabeza en la arena viene a menudo disfrazada, simulando ser un argumento lógico, y, en última instancia, oculta el infantil convencimiento de ciertos seres humanos acerca de que ellos son "especiales" en algún sentido, y que su "talento especial" es precisamente la capacidad de pensar. Por lo tanto, si un simple test como el de Turing demostrara que las máquinas son capaces de hacer lo mismo, esos seres humanos "especiales" se sentirían amenazados y descorazonados. Suelen oponerse incluso a los estudios sobre inteligencia animal, así que no es muy difícil imaginar por dónde viene el asunto. El temor a las consecuencias es un hijo dilecto de la falacia teológica, y, como tal, muy utilizado por los grupos cristianos protestantes fundamentalistas entre otros. Si bien es cierto que esta falacia fue más común en tiempos de Turing que hoy en día, él no se privó de atacarla en su trabajo de 1950, recomendando a los creyentes en las consecuencias que se concentraran en el concepto de consuelo (en la transmigración de las almas), algo que las máquinas ciertamente no serían capaces de conseguir.
    • Objeciones matemáticas. El Teorema de la Incompletitud de Gödel, que el propio Turing estudió y aplicó a su test -y que nosotros desarrollamos en otra parte- expresa que en cualquier sistema matemático consistente, siempre habrá verdades que no pueden ser probadas. Esta objeción, afirma Turing, si bien es cierta para cualquier diseño mecánico, nunca será cierta ni pasible de probar para el intelecto humano y por tanto para la definición de inteligencia. Las objeciones basadas en el Teorma de Gödel, por lo tanto, suponen que la inteligencia artificial debe ser perfecta, probar todo y no cometer errores ni mostrar ambigüedades. Turing se apresura a decir que estos no son requerimientos esenciales ni para la inteligencia natural ni para la artificial, con lo que invalida el argumento.
    • Objeción de la conciencia. Esta objeción quizás sea la más poderosa, ya que expresa que la inteligencia requiere de la autoconciencia para existir. ¿Es esto así? Volviendo a nuestros ejemplos anteriores: ¿es autoconsciente la colonia de hormigas? La única manera de saberlo sería siendo esa colonia misma, lo que equivale al argumento del solipsismo, esto es, "sólo puedo estar seguro de que YO pienso, sea yo lo que sea". El argumento del solipsismo, íntimamente imbricado con el de la conciencia, es peligrosísimo. Los asesinos seriales, por ejemplo, son solipsistas: no entienden a sus víctimas como seres humanos con sufrimientos, dolores y autoconciencia, sino solamente como objetos de sus designios. El argumento de la conciencia aparece de inmediato al discutir el Test de Turing (y está también relacionado con la objeción teológica, por lo que es místico), y debe ser descartado de antemano por imposible de probar. Como yo no sé si mi perro es autoconciente, según este argumento no puedo probar que piensa, aunque los test de inteligencia lo demuestren más allá de toda duda. Turing escribió que esta objeción es absurda y debe ser abandonada en pro de la corrección y de la amabilidad, asumiendo que todos los organismos piensan. Lo mismo se hace extensivo a las computadoras -piensa a su manera-. Hacer lo contrario sería aceptar el solipsismo y con ello a Jack el Destripador, por citar un caso. Es suficiente con que la computadora aprenda, piense y sienta a la manera de un loro, escribe Turing, y que esas características se manifiesten en conversaciones más o menos simples como las que yo mantengo con mi ave. Turing reconoce, sin embargo, que el tema de la conciencia no es trivial; solo dice que no es imprescindible adentrarse en sus misterios para discutir acerca del pensamiento humano o animal, y ni siquiera para estudiar la inteligencia artificial.
    Planteado por primera vez por el doctor Jefferson Lister, quien escribió que la única forma de probar la inteligencia es mediante resultados originados en las emociones (capacidad para escribir un soneto o componer un concierto), Turing lo respondió diciendo que nadie puede estar seguro de que los demás tienen en verdad emociones, por lo que el test debe ser aceptado sin más. A las palabras del británico yo agrego que, si bien soy capaz de escribir sonetos bastante pasables, soy absolutamente impotente para escribir un concierto, por lo que según Lister soy solo inteligente a medias. De hecho, conozco personas sumamente inteligentes que no pueden hablar de corrido, lo que en modo alguno los convierte en idiotas. ¿Puede usted componer óperas alemanas, doctor Lister?


    • Objeción de las incapacidades. Se trata de los argumentos del tipo "las computadoras nunca podrán X", entendiéndose X por enamorarse, gustar del jugo de naranja, ser el objeto de su propio pensamiento o tener sentido del humor. Turing hace notar correctamente que esta objeción no es más que la objeción de la conciencia bajo un buen disfraz, lo que la invalida por principio.
    • Objeción de Lady Lovelace. Similar a los anteriores, dice que la máquina nunca podrá sorprendernos, nunca hará algo nuevo, nunca... Cualquier usuario de PC con sistemas operativos de Microsoft puede demostrar la falsedad de este argumento (permítaseme este chiste malo). Hablando en serio, Turing respondió que las máquinas lo sorprendían a menudo. Los autores de la objeción dijeron entonces que la "sorpresa" de Turing dependía de un proceso activo del propio Turing, y que no debía atribuirse a la máquina en sí. El matemático respondió que la sorpresa que nos provoca otro ser humano, un libro o una película también depende de un proceso activo de nuestra parte, con lo que canceló todo el argumento.
    • Objeción de la continuidad. Sus adeptos afirman que la máquina nunca podrá emular al cerebro humano porque el impulso nervioso es un fenómeno continuo (analógico) que no puede reproducirse por un sistema discreto (digital). Turing responde a este argumento diciendo que el funcionamiento de un cerebro continuo responde de manera discontinua o discreta durante el Test de Turing, de manera tal que el interrogador no puede distinguir cuál es digital y cuál no.
    • Objeción de la informalidad del comportamiento. Esta objeción dice que un sistema gobernado por leyes sería predecible y por lo tanto no inteligente. Una vez más, Turing destroza este argumento al demostrar que se trata de una confusión entre los conceptos de "reglas de conducta" (luz roja: pare) y "leyes de comportamiento" (si le arrojan un objeto, agáchese). Aún no hemos descubierto si el hombre está gobernado por un enorme complejo de leyes de comportamiento, pero, recientemente, el trabajo sobre algoritmos recursivos ha demostrado que, en todos los casos, los sistemas deterministas son capaces de una diversidad de comportamientos caóticos.
Revisando cuidadosamente todos los argumentos de los que están en contra del Test de Turing, se evidencia claramente que todas ellas son erróneas, falaces o ambas cosas, por lo que se puede concluir que no hay, desde tiempos de Turing y hasta el día de hoy, un sistema mejor que este para definir e investigar la existencia de una verdadera inteligencia artificial.


486DX2... ¿Se acuerda?

EL APRENDIZAJE
Turing escribió sobre el concepto de aprendizaje informático en sus trabajos de 1950 y de 1969. Según él, para intentar imitar una mente adulta sana y normal, tenemos que tener en cuenta tres factores:

  1. El estado inicial de la mente;
  2. La educación a la que ha sido sometida; y
  3. Todo otro aprendizaje que no caiga dentro de la definición de "educación".

La mente de un niño se asemeja a un cuaderno nuevo: pocos mecanismos y cantidad de papel en blanco. Las ideas de Turing sobre la educación de las máquinas son notablemente avanzadas, sobre todo considerando que fueron desarrolladas hace más de medio siglo. Turing dice que si queremos alcanzar el éxito en simular la inteligencia humana, debemos seguir el desarrollo de las mentes de los niños tan de cerca como nos sea posible. Los métodos que propone para ello son sorprendentes: por ejemplo, el del premio y el castigo.

LA DISCUSIÓN
Muchos han objetado (esta vez con cierta razón) que el Test de Turing no está diseñado para medir si las computadoras tienen inteligencia, sino si tienen inteligencia "humana" o de tipo humano. El argumento deriva de la forma antropomórfica que las ideas de Turing asignan a la inteligencia. Si la inteligencia de las máquinas debe manifestarse exclusivamente en forma verbal, entonces es obvio que estamos buscando un aspecto humano específico en el comportamiénto mecánico: el lenguaje.
En pocas palabras, es cierto que una máquina programada inteligentemente podría pasar el Test conversando al estilo humano pero sin ser inteligente en absoluto. También es una verdad como un puño que una máquina puede ser extremadamente inteligente sin poder hablar en absoluto. El cerebro genial de Hellen Keller era una computadora de este tipo, al igual que los de todos los sordomudos inteligentes del mundo. Con el mismo criterio, una persona normal estaría autorizada a considerar no inteligente a un bebé aún no verbal, a un caballo o a un mudo.
Se ha observado que, incluso si el Test de Turing pudiese identificar la inteligencia, seguiría sin poder probar la autoconciencia ni la intencionalidad. El problema aquí es que aún no estamos en condiciones de decir si los tres fenómenos son uno e indivisible, si la intención y la conciencia son prerrequisitos esenciales para la inteligencia, y ni siquiera si son tres aspectos de un mismo fenómeno.
Será necesario esperar a que las neurociencias avancen lo suficiente como para aclararnos estos aspectos del asunto antes de que podamos decir con certeza si el test se acerca o no a ser un "detector de inteligencia" como lo pretendió su creador.

LOS RESULTADOS
Es obligado aclarar que, mientras escribo esto , ninguna máquina del mundo ha conseguido pasar el Test de Turing.
El británico predijo que en el año 2000, una máquina con 119 Mb de memoria podría engañar al 30% de sus jueces humanos luego de una conversación de cinco minutos. Esto no ha sucedido aún, ni siquiera con máquinas muchas veces más potentes.
Los programas que sí han engañado a sus interlocutores (por ejemplo el llamado "ELIZA") lo han hecho partiendo de una mentira: no decirle al juez que posiblemente quien hablaba con él era una máquina. El Test de Turing parte de la base de que el interrogador está intentando activamente diferenciar a su interlocutor humano del mecánico, lo que invalida los estudios antedichos. Si a la persona se le dice que del otro lado puede haber una máquina, ningún programa puede engañarla.
...¿Todavía?... No lo sabemos. Habrá que esperar a futuros desarrollos para saber si, alguna vez, un aparato doméstico será capaz de pasar el famoso Test de Turing.

            

Recordando los inicios, Alan turing, el padre de la informática

CIEN AÑOS DEL NACIMIENTO DE ALAN TURING





El fantasma que inventó la informática

Padre de la inteligencia artificial y la computación moderna, Alan Turing tuvo una vida de película. Espía británico y héroe de la Segunda Guerra Mundial, acabó sus días castrado químicamente a causa de su homosexualidad. Pero ¿quién fue realmente Alan Turing, el genio matemático que `descifró´ a los nazis y que Leonardo DiCaprio encarnará en el cine? Así era el visionario más misterioso del siglo XX.


Encadenaba su taza de café al radiador por miedo a que se la robaran. Y en los malos momentos buscaba consuelo en un osito de peluche. Le gustaba llevar el pijama debajo del abrigo y no dudaba en caminar bajo el sol de la primavera con una máscara antigás para combatir su alergia al polen. Solitario y gran corredor de fondo, afirmaba que su película favorita era Blancanieves y los siete enanitos. Nunca leyó un periódico, se confeccionaba sus propios guantes y muy pronto eligió confiar antes en las máquinas que en las personas. «Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia», decía. También: «Una computadora puede ser llamada `inteligente´ si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un humano». Este perfil solo da locos o genios. Alan Turing perteneció a los segundos.

Fue concebido en Chatrapur, la India, pero nació en Londres el 23 de junio de 1912: su padre era un funcionario inglés destinado en el gigante asiático. Allí, Turing pasó los primeros años de su vida y destacó por su inteligencia: aprendió a leer por sí solo en tres semanas y mostró desde muy pequeño un gran interés por los números y los puzles. Desde los seis años deslumbró a todos sus maestros y en 1926, a los 14, ya definitivamente en Gran Bretaña, ingresó, feliz, en el internado de Sherborne, en Dorset. El primer día de clase había huelga general, pero sus ganas de asistir a clase le hicieron recorrer más de 60 millas en bicicleta hasta la escuela, en Southampton, pasando incluso una noche en una posada. La prensa local publicó la hazaña del joven. Con 16 años, Turing ya comprendía los planteamientos de Einstein y, sin estudios de cálculo elemental, resolvía problemas muy complejos para su edad. Pese a ello, sus profesores de Sherborne, más afectos a los clásicos que a los científicos contemporáneos, no mostraban demasiado interés por él. Poco le importó. Su vocación era clara.

En febrero de 1930, a los 17 años, la vida lo golpea por primera vez: su compañero de estudios y primer amor, Christopher Morcom, muere de tuberculosis bovina tras beber leche de una vaca infectada. Turing, destrozado, se hace ateo y empieza a creer que todos los fenómenos, incluyendo el funcionamiento de nuestro cerebro, son enteramente materialistas. A pesar de su talento y de que ansiaba seguir sus estudios en el Trinity College de Londres, debió conformarse con cursarlos en el King`s College, en Cambridge, su segunda opción. Su falta de interés en el estudio de los clásicos lo había hecho suspender los exámenes finales. Eso sí: una vez en Cambridge, en cuatro años ya era profesor.

Y entonces llegó la gloria: un año después, en 1936, con solo 24 años publica su revolucionario estudio Sobre los números computables y sienta las bases teóricas de un cerebro electrónico capaz de ejecutar todas las operaciones matemáticas resolubles: acababa de inventar la idea de un ordenador y, con su Máquina de Turing, de crear el concepto de algoritmo, que es la base del funcionamiento de todos los ordenadores actuales y, aún hoy, tantas décadas después, el objeto central de estudio en la teoría de la computación.

Su vida se acelera y, tras un paréntesis de dos años en Estados Unidos, donde se doctora en la universidad de Princeton y trabaja con el célebre lógico Alfonzo Church, Turing asiste en Cambridge a las clases de Ludwig Wittgenstein, con el que choca intensamente por las discrepancias en torno a la visión de las matemáticas que ambos sostienen.

Con 27 años, los servicios de Inteligencia británicos lo reclutan para integrar el equipo de matemáticos que debían descifrar los códigos secretos de los nazis. Trabajó en Bletchley Park, la célebre instalación militar. Casi en solitario, Turing logró descubrir los misterios de la mítica máquina encriptadora de Hitler, llamada Enigma. Y diseñó la suya propia, denominada Bombe, capaz de romper los códigos de Enigma y permitir a los aliados anticipar los ataques y movimientos militares nazis.

La Bombe de Turing, clave en el espionaje contra el Führer, fue la herramienta principal de los criptógrafos aliados. Estos trabajos de ruptura de códigos de Turing han sido secretos hasta los años 70. Ni sus más íntimos amigos los conocían.

La vida parecía sonreírle. Y, convertido en discreto héroe de guerra, pasó a trabajar en el Laboratorio Nacional de Física hasta ser nombrado director de computación de la universidad de Mánchester, donde desarrolló el software de uno de los primeros ordenadores reales: el Manchester Mark I.

De esa época también son sus planteamientos de una inteligencia artificial, expuestos en su célebre artículo Máquinas de computación e inteligencia, de 1950. En él, Turing propuso incluso un experimento que hoy se conoce como el Test de Turing y que aún hoy es la gran baza de los defensores de la inteligencia artificial, que tanto alimenta el fascinante desarrollo actual de la robótica. El test postula que, si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, es inteligente e incluso «sensible» y «sintiente».

El Test de Turing consiste en situar a un juez en una habitación y a un ser humano y a una máquina en otra. El juez hace preguntas y, ante las dos respuestas escritas, debe descubrir cuál es del humano y cuál de la máquina. Persona y ordenador pueden mentir al contestar. Turing defendía que, si ambos jugadores eran hábiles, el juez no podría distinguir quién era quién. Pese a que ninguna máquina ha podido pasar todavía este examen, lo cierto es que el test tiene hoy muchas aplicaciones; entre ellas, detectar el spam -el correo basura-, que, por lo general, es enviado automáticamente por una máquina.

A pesar de sus numerosos hallazgos conocidos, la falta de material sobre su vida privada supone un quebradero de cabeza para los historiadores. Turing vagaba de un lado a otro como un poseso y rara vez aguardaba a la aplicación práctica de sus ideas. Producía novedades sin parar, pero de su vida personal solo quedan un puñado de fotos, donde aparece un muchacho de aire juvenil, mirada tímida y peinado con raya.

Pero lo bueno acabó mal. En 1952, Turing es procesado por su homosexualidad. Su amante Arnold Murray facilitó a un colega el acceso a su casa para robarle y el matemático denunció el caso. Durante la investigación policial, Turing se vio obligado a reconocer su homosexualidad, entonces un delito, y se lo imputó por «indecencia grave y perversión sexual», los mismos por los que habían condenado a Oscar Wilde más de medio siglo atrás. Turing se negó a disculparse por sus gustos sexuales, rechazó defenderse y aceptó una condena. La pena era opcional: un año en prisión o someterse a un tratamiento hormonal de reducción de la libido, que, se creía entonces, `curaba´ la homosexualidad... Turing escogió las inyecciones de estrógenos, que se puso durante un año y las cuales le causaron serias alteraciones físicas. Le salieron pechos, lo dejaron impotente y le hicieron aumentar de peso.

Aunque bromeaba sobre sus pechos, acabó sumido en una profunda depresión. Le preocupaba, además, que los ataques contra su persona hicieran que sus ideas sobre la inteligencia artificial cayeran en el olvido. Él, que había trabajado en Princeton con Alfonzo Church, imaginaba la inequívoca lógica de la sociedad de su tiempo: «Turing cree que las máquinas piensan; Turing yace con hombres. Luego, las máquinas no piensan».

Dos años después, en 1954, un empleado doméstico encontró a Turing muerto en su cama, con espuma saliéndole por las comisuras de los labios... clara señal de envenenamiento por cianuro, al parecer, tras morder una manzana envenenada que no llegó a ingerir del todo. Su muerte, a los 41 años, fue oficialmente considerada como un suicidio, y la mayoría de los historiadores así lo cree. Pese a ello, su madre la atribuyó rotundamente a una ingesta accidental, fruto de la falta de precauciones de su hijo en el almacenamiento de sustancias químicas de laboratorio. Su vida enigmática no podía terminar sin estar envuelta en una nube de misterio, en la que algunos hoy creen ver señales de un posible asesinato.

El 10 de septiembre de 2009 el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, pidió públicamente disculpas en nombre del Gobierno inglés por el trato que Alan Turing había recibido.

En junio próximo, este genio habría cumplido cien años. El museo Heinz Nixdorf de Paderborn, en Alemania, le dedica estos días una exposición. Y en Hollywood se habla de una película basada en su vida e interpretada por Leonardo DiCaprio. Material para un buen guion no les va a faltar.

Recordando los inicios, Alan turing, el padre de la informática

CIEN AÑOS DEL NACIMIENTO DE ALAN TURING





El fantasma que inventó la informática

Padre de la inteligencia artificial y la computación moderna, Alan Turing tuvo una vida de película. Espía británico y héroe de la Segunda Guerra Mundial, acabó sus días castrado químicamente a causa de su homosexualidad. Pero ¿quién fue realmente Alan Turing, el genio matemático que `descifró´ a los nazis y que Leonardo DiCaprio encarnará en el cine? Así era el visionario más misterioso del siglo XX.


Encadenaba su taza de café al radiador por miedo a que se la robaran. Y en los malos momentos buscaba consuelo en un osito de peluche. Le gustaba llevar el pijama debajo del abrigo y no dudaba en caminar bajo el sol de la primavera con una máscara antigás para combatir su alergia al polen. Solitario y gran corredor de fondo, afirmaba que su película favorita era Blancanieves y los siete enanitos. Nunca leyó un periódico, se confeccionaba sus propios guantes y muy pronto eligió confiar antes en las máquinas que en las personas. «Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia», decía. También: «Una computadora puede ser llamada `inteligente´ si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un humano». Este perfil solo da locos o genios. Alan Turing perteneció a los segundos.

Fue concebido en Chatrapur, la India, pero nació en Londres el 23 de junio de 1912: su padre era un funcionario inglés destinado en el gigante asiático. Allí, Turing pasó los primeros años de su vida y destacó por su inteligencia: aprendió a leer por sí solo en tres semanas y mostró desde muy pequeño un gran interés por los números y los puzles. Desde los seis años deslumbró a todos sus maestros y en 1926, a los 14, ya definitivamente en Gran Bretaña, ingresó, feliz, en el internado de Sherborne, en Dorset. El primer día de clase había huelga general, pero sus ganas de asistir a clase le hicieron recorrer más de 60 millas en bicicleta hasta la escuela, en Southampton, pasando incluso una noche en una posada. La prensa local publicó la hazaña del joven. Con 16 años, Turing ya comprendía los planteamientos de Einstein y, sin estudios de cálculo elemental, resolvía problemas muy complejos para su edad. Pese a ello, sus profesores de Sherborne, más afectos a los clásicos que a los científicos contemporáneos, no mostraban demasiado interés por él. Poco le importó. Su vocación era clara.

En febrero de 1930, a los 17 años, la vida lo golpea por primera vez: su compañero de estudios y primer amor, Christopher Morcom, muere de tuberculosis bovina tras beber leche de una vaca infectada. Turing, destrozado, se hace ateo y empieza a creer que todos los fenómenos, incluyendo el funcionamiento de nuestro cerebro, son enteramente materialistas. A pesar de su talento y de que ansiaba seguir sus estudios en el Trinity College de Londres, debió conformarse con cursarlos en el King`s College, en Cambridge, su segunda opción. Su falta de interés en el estudio de los clásicos lo había hecho suspender los exámenes finales. Eso sí: una vez en Cambridge, en cuatro años ya era profesor.

Y entonces llegó la gloria: un año después, en 1936, con solo 24 años publica su revolucionario estudio Sobre los números computables y sienta las bases teóricas de un cerebro electrónico capaz de ejecutar todas las operaciones matemáticas resolubles: acababa de inventar la idea de un ordenador y, con su Máquina de Turing, de crear el concepto de algoritmo, que es la base del funcionamiento de todos los ordenadores actuales y, aún hoy, tantas décadas después, el objeto central de estudio en la teoría de la computación.

Su vida se acelera y, tras un paréntesis de dos años en Estados Unidos, donde se doctora en la universidad de Princeton y trabaja con el célebre lógico Alfonzo Church, Turing asiste en Cambridge a las clases de Ludwig Wittgenstein, con el que choca intensamente por las discrepancias en torno a la visión de las matemáticas que ambos sostienen.

Con 27 años, los servicios de Inteligencia británicos lo reclutan para integrar el equipo de matemáticos que debían descifrar los códigos secretos de los nazis. Trabajó en Bletchley Park, la célebre instalación militar. Casi en solitario, Turing logró descubrir los misterios de la mítica máquina encriptadora de Hitler, llamada Enigma. Y diseñó la suya propia, denominada Bombe, capaz de romper los códigos de Enigma y permitir a los aliados anticipar los ataques y movimientos militares nazis.

La Bombe de Turing, clave en el espionaje contra el Führer, fue la herramienta principal de los criptógrafos aliados. Estos trabajos de ruptura de códigos de Turing han sido secretos hasta los años 70. Ni sus más íntimos amigos los conocían.

La vida parecía sonreírle. Y, convertido en discreto héroe de guerra, pasó a trabajar en el Laboratorio Nacional de Física hasta ser nombrado director de computación de la universidad de Mánchester, donde desarrolló el software de uno de los primeros ordenadores reales: el Manchester Mark I.

De esa época también son sus planteamientos de una inteligencia artificial, expuestos en su célebre artículo Máquinas de computación e inteligencia, de 1950. En él, Turing propuso incluso un experimento que hoy se conoce como el Test de Turing y que aún hoy es la gran baza de los defensores de la inteligencia artificial, que tanto alimenta el fascinante desarrollo actual de la robótica. El test postula que, si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, es inteligente e incluso «sensible» y «sintiente».

El Test de Turing consiste en situar a un juez en una habitación y a un ser humano y a una máquina en otra. El juez hace preguntas y, ante las dos respuestas escritas, debe descubrir cuál es del humano y cuál de la máquina. Persona y ordenador pueden mentir al contestar. Turing defendía que, si ambos jugadores eran hábiles, el juez no podría distinguir quién era quién. Pese a que ninguna máquina ha podido pasar todavía este examen, lo cierto es que el test tiene hoy muchas aplicaciones; entre ellas, detectar el spam -el correo basura-, que, por lo general, es enviado automáticamente por una máquina.

A pesar de sus numerosos hallazgos conocidos, la falta de material sobre su vida privada supone un quebradero de cabeza para los historiadores. Turing vagaba de un lado a otro como un poseso y rara vez aguardaba a la aplicación práctica de sus ideas. Producía novedades sin parar, pero de su vida personal solo quedan un puñado de fotos, donde aparece un muchacho de aire juvenil, mirada tímida y peinado con raya.

Pero lo bueno acabó mal. En 1952, Turing es procesado por su homosexualidad. Su amante Arnold Murray facilitó a un colega el acceso a su casa para robarle y el matemático denunció el caso. Durante la investigación policial, Turing se vio obligado a reconocer su homosexualidad, entonces un delito, y se lo imputó por «indecencia grave y perversión sexual», los mismos por los que habían condenado a Oscar Wilde más de medio siglo atrás. Turing se negó a disculparse por sus gustos sexuales, rechazó defenderse y aceptó una condena. La pena era opcional: un año en prisión o someterse a un tratamiento hormonal de reducción de la libido, que, se creía entonces, `curaba´ la homosexualidad... Turing escogió las inyecciones de estrógenos, que se puso durante un año y las cuales le causaron serias alteraciones físicas. Le salieron pechos, lo dejaron impotente y le hicieron aumentar de peso.

Aunque bromeaba sobre sus pechos, acabó sumido en una profunda depresión. Le preocupaba, además, que los ataques contra su persona hicieran que sus ideas sobre la inteligencia artificial cayeran en el olvido. Él, que había trabajado en Princeton con Alfonzo Church, imaginaba la inequívoca lógica de la sociedad de su tiempo: «Turing cree que las máquinas piensan; Turing yace con hombres. Luego, las máquinas no piensan».

Dos años después, en 1954, un empleado doméstico encontró a Turing muerto en su cama, con espuma saliéndole por las comisuras de los labios... clara señal de envenenamiento por cianuro, al parecer, tras morder una manzana envenenada que no llegó a ingerir del todo. Su muerte, a los 41 años, fue oficialmente considerada como un suicidio, y la mayoría de los historiadores así lo cree. Pese a ello, su madre la atribuyó rotundamente a una ingesta accidental, fruto de la falta de precauciones de su hijo en el almacenamiento de sustancias químicas de laboratorio. Su vida enigmática no podía terminar sin estar envuelta en una nube de misterio, en la que algunos hoy creen ver señales de un posible asesinato.

El 10 de septiembre de 2009 el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, pidió públicamente disculpas en nombre del Gobierno inglés por el trato que Alan Turing había recibido.

En junio próximo, este genio habría cumplido cien años. El museo Heinz Nixdorf de Paderborn, en Alemania, le dedica estos días una exposición. Y en Hollywood se habla de una película basada en su vida e interpretada por Leonardo DiCaprio. Material para un buen guion no les va a faltar.

martes, 14 de febrero de 2012

Recordando los inicios, Fidonet



FidoNet

Fidonet es una red de computadores a nivel mundial que es usada para la comunicación entre BBS Bulletin Board System.
 En los años 90 fue el más popular, hasta que llegó Internet (de acceso más sencillo y fácil). La red continúa funcionando
aunque se ha visto reducida considerablemente, debido sobre todo a la decadencia de los BBS para los que inicialmente fue
diseñada; aun así sigue siendo una alternativa de gran calidad en lo que a correo electrónico se refiere frente a foros,
grupos de news o listas de correo de Internet.

El creador de Fidonet fue Tom Jennings en 1984 en San Francisco (EEUU). Tom Jennings desarrolló un programa de comunicaciones llamado Fido que era capaz de conectar ordenadores a través de acceso telefónico automáticamente. Los propietarios de BBS vieron las posibilidades de este sistema y lo integraron a su red ya que automatizaba muchas tareas que eran rutinarias y mejoraba las posibilidades de conexión entre BBS.

La red se convirtió en un medio de comunicación muy popular entre los aficionados a los ordenadores y al año de su

 creación ya había 160 BBS interconectados en los Estados Unidos. Esta red se fue extendiendo paulatinamente 

por todo el mundo, dando lugar a lo que hoy día llamamos Fidonet.

La rama latinoamericana de FidoNet fue fundada por Pablo Kleinman en 1987, en Buenos Aires, y llegó a contar con

 cientos de BBS afiliados en docenas de ciudades de la región desde Tijuana hasta Tierra del Fuego.


El BBS puede ser un ordenador personal o un servidor de Internet; en el caso de ser un ordenador personal para 
conectarte deberás utilizar tu línea telefónica marcando el número de teléfono correspondiente o bien puedes 
conectarte a través de internet; de esta manera ya formarás parte de la red FidoNet.
Fidonet es una red que carece de contenidos comerciales, de acceso gratuito y mantenida por entendidos en 
comunicaciones sin ánimo de lucro. En FidoNet el spam que tanto abunda en Internet brilla por su ausencia.
La estructura organizativa de FidoNet es jerárquica; consta de niveles, cada nivel tiene sus coordinadores respectivos
 dedicados a la gestión de los nodos de Fidonet y a la resolución de conflictos entre sus miembros según su política
 FidoNet Policy Document
Para ello, la red se divide de la siguiente forma:
  • Coordinadores de la red son responsables de manejar los nodos individuales dentro de su área, generalmente una
  •  ciudad o un área equivalente.
  • Los coordinadores regionales son responsables de manejar la administración de los coordinadores de la red 
  • dentro de su región, normalmente del tamaño de un estado, o país pequeño.
  • Los coordinadores de zona son responsables de manejar la administración de todas las regiones dentro de su
  •  zona. El mundo se divide en seis zonas, los coordinadores de zona eligen entre ellos a uno como coordinador 
  • internacional de Fidonet.
De esta forma existen seis zonas en el mundo, cada una las cuales esta formada por un conjunto de regiones las 
cuales a su vez se dividen en diversas zonas. Todo en conjunto forma la red Fidonet.


Originalmente, FidoNet se utilizaba para conectar con BBS por módem a través de una línea telefónica tradicional; 
actualmente se puede acceder también a través de Internet (protocolos telnet, binkd, ifcico, ...).
En FidoNet destaca el Netmail, consiste en el envío mensajes de correo privados entre los usuarios de la red, 
lo paralelo en FidoNet a lo que el email es en Internet. Un mensaje Netmail contendría el nombre de la persona que
 envía el mensaje, el nombre del destinatario, y las direcciones FidoNet respectivas de cada uno. El sistema FidoNet
 encaminaba el mensaje desde un sistema al otro asegurando la privacidad del mensaje(solo el destinatario
 correspondiente podría leerlo). Sin embargo, la transmisión se realizaba de forma abierta, por lo que los operadores
 se reservaban el derecho de revisar el contenido de los mensajes, de esta forma la privacidad entre remitente y
 destinatario era solamente el resultado de la cortesía de los operadores de los sistemas de FidoNet que estaban
 implicados en la 
transferencia de dicho correo.También se usa FidoNet para el envío y recepción de ficheros (juegos, programas…),
 para el envío y recepción de datos de los juegos "online" de los BBS, ...
Posteriormente, apareció Echomail destinado a discusiones públicas, muy similar a los grupos de noticias de Usenet
 aunque más completo. Echomail permitía el envío de mensajes a diferentes áreas temáticas lo cual se procesaba y 
empaquetaba para enviarlo a los nodos que hacían de recolectores (hubs); así se formaba una estructura jerarquizada
 capaz de hacer circular la mensajería a nivel mundial.
Las áreas de echomail están moderadas por lo que se elimina el "correo basura" y la mayoría de los off-topics. 
Echomail fue tan popular que para muchos usuarios, Echomail era FidoNet.


FidoNet está basado en una estructura en árbol, cada rama del árbol elige a sus coordinadores respectivos.
 Fidonet se estructura en zonas, regiones, redes y nodos de más a menos nivel geográfico.
En el nivel más alto de la jerarquía el mundo se divide en seis zonas que son las siguientes:
  • Zona 1: Norteamérica y Puerto Rico
  • Zona 2: Europa, ex-URSS (incluido Rusia) e Israel
  • Zona 3: Australia y Nueva Zelanda.
  • Zona 4: Latinoamérica (excepto Puerto Rico)
  • Zona 5: África
  • Zona 6: Asia (excepto Rusia e Israel, que fueron enumeradas en la zona 2)
Cada una de las seis zonas se subdivide en regiones las cuales analizan las redes, que consisten en nodos 
individuales.
En el 2007 la Zona 6 desapareció y sus nodos pasaron a integrarse en la Zona 3.


FidoNet tiene una base de datos llamada nodelist que no es más que un fichero en el que se registran todos los nodos
 que forman FidoNet mediante su correspondiente número identificativo.Junto al número identificativo de cada nodo se
 incluye el nombre del BBS, localización geográfica, el nombre del operador de nodo, número de teléfono, y 
capacidades del software. El nodelist se actualiza semana a semana para evitar llamadas indeseadas a los nodos que
 habían cerrado, los números de teléfono que ya no forman parte de 
FidoNet son reasignados para su uso de la voz por la respectiva compañía de teléfono. Para que la lista nodelist se 
mantuviese actualizada de manera regular, los coordinadores de red mantenían esta lista en sus áreas locales.
Periódicamente estas listas locales eran enviadas al coordinador internacional de manera automatizada el cual 
compilaba un nuevo nodelist y generaba una lista de cambios llamada nodediff que reenviaría a los operadores de
 nodo para que actualizasen su nodelist.
El formato de dirección de FidoNet consta de tres partes:
  • 1. Un número de la zona(Z): un número del uno al seis que define las seis zonas FidoNet.
  • 2. Un número de región(RR) y un número de red(D): número de al menos dos
cifras y hasta el 65535 como máximo, que define la región(país) y la red (provincia o grupo de provincias).
  • 3. Un número de nodo local. (NNN): número que identifica un nodo único en cada red.
Quedando el formato de direcciones de la siguiente forma: Z:RRD/NNN Ejemplo: Vamos a analizar la dirección 
completa de Fidonet 2:341/201; 2 es el número de zona, por lo tanto Europa, 34 es el número de región (España), 
1 es el número de la red (Red Castilla Centro) y 201 es el número del nodo local (Pucela BBS).


Teóricamente, un nodo transmitirá normalmente mensajes a un hub. El hub, actuando como punto de distribución
 para el correo, puede entonces enviar el mensaje al coordinador de red. Una vez allí se puede enviar a través de 
un coordinador regional, o a través de algún otro sistema instalado para dicha función hasta el nodo destino.
 En el caso de que el nodo origen y el nodo destino no estén en la misma zona el correo se puede enviar a través
 de una Puerta de Zona.
Por ejemplo, un mensaje de FidoNet pudo seguir la trayectoria: 1:170 /918 (nodo) a 1:170 /900 (hub) a 1:170 /0 
(coordinador de red) a 1:19 /0 (coordinador de región) a 1:1 /0 (coordinador de zona). Desde allí, 
es distribuida "hacia abajo" al nodo destino.
Al principio no había relación específica entre los números de la red y las regiones que lo componen. En algunas
 áreas de FidoNet, sobre todo en la zona 2, el número de la región y el número de red están entrelazados. Por
 ejemplo, 2:201 /329 está en la red 201 que está en la región 20 mientras que 2:2410 /330 está en la red 2410 
que está en la región 24. La zona 2 también relaciona el número del nodo con el número de hub si la red es
 bastante grande y contiene varios hub. Este efecto se puede ver en el nodelist observando la estructura de la Red
 2410 donde el nodo 2:2410 /330 aparece bajo el Hub 300. En otras zonas esto no funciona así.
En la zona 1, las cosas son diferentes. La zona 1 fue un punto de inicio y cuando las zonas y las regiones fueron
 conformadas, las redes existentes fueron divididas sin ninguna fórmula preestablecida.
 La única consideración que se tomó fue su localización geográfica respecto a la región. 
Conforme se iban agregando más números de red, se utilizó la siguiente fórmula:
  • Región número X 20
Cuando el número de regiones superó su límite era necesario otro sistema de numeración, por lo que se utilizó el 
siguiente:
  • Región número X 200
Uno de los objetivos de la formación de redes locales era conseguir una reducción de costes en la ejecución por lo
 que todos los mensajes serían enviados a uno o más Hub anfitriones de forma comprimida
 (ARC era estándar, pero PKZIP tenía soporte universal).
En la práctica, la estructura de FidoNet permite que cualquier nodo conecte directamente con cualquier otro; 
y los operadores del nodo formarían a veces sus propios "toll-calling" sobre una base "ad-hoc", teniendo en cuenta
 un equilibrio entre el ahorro de coste colectivo y la entrega oportuna. Los operadores que componen redes 
individuales tendrán a veces que financiar el acuerdo, mucha gente se ofrecía voluntaria para pagar llamadas 
regulares por simple generosidad o para mejorar su status en la comunidad FidoNet.
Este sistema "ad hoc" fue particularmente popular entre las redes que fueron construidas sobre los cimientos de 
FidoNet. Echomail, por ejemplo, implicó a menudo las transferencias de archivo relativamente grandes debido a su 
renombre. Si los distribuidores oficiales de FidoNet rechazaban transferir Echomail debido a las cargas adicionales 
del peaje, otros operadores del nodo se ofrecerían de manera voluntaria en algunas ocasiones. 
En cuyo caso, los mensajes de Echomail serían encaminados por los sistemas de voluntarios.
Como el sistema FidoNet era el que mejor se adaptaba a un ambiente en el cual el servicio telefónico local fuese
 barato y las llamadas a larga distancia (o transferencia de datos interurbana vía redes packet-switched) costosas, 
no funcionó bien en países como Japón, donde incluso las líneas locales eran costosas. FidoNet fue únicamente 
acertado en países tales como Francia, donde el precio de llamadas locales y la competición con el Minitel u 
otras redes de datos limitaron su crecimiento.


Como el número de mensajes Echomail crecía continuamente, llegó a ser muy difícil que los usuarios mantuviesen
 el ritmo ante tal volumen de mensajes desde sus BBS locales.
Por esa razón se introdujeron los "points", permitiendo que los usuarios reciban el Echomail (y el Netmail ya 
comprimidos y por lote) y lo lean localmente en sus propias máquinas. Para hacer esto, el esquema de dirección de 
FidoNet fue ampliado con la adición de un segmento en la dirección final, el número de "point". 
Por ejemplo, un usuario en el sistema del ejemplo de arriba debería dar como "point" el número 10, y por lo 
tanto podría enviarse correo a la dirección 1:170 /918.10.
En Norteamérica (zona 1) los "points" fueron utilizados durante un breve periodo y de manera muy limitada. 
Programas como [Blue Wave] and Silver Xpress (OPX) fueron introducidos a mediados de los años ochenta y 
rápidamente dejaron el "Pointing" obsoleto.
En otras partes del mundo, especialmente en Europa, esto era diferente. Al contrario que en Norteamérica donde las
 llamadas locales generalmente son gratuitas, las llamadas locales en Europa no lo eran y eso era un incentivo más
 que suficiente para intentar que la duración de las llamadas fuese lo más breve posible. El "pointing" empleaba la 
compresión estándar (ZIP, ARJ) lo cual reducía las llamadas algunos minutos al día.
En Europa (zona 2) el "pointing" llegó a ser muy popular. Muchas regiones distribuyen un "pointlist" paralelamente al
 "nodelist".En la cima de FidoNet había sobre 120.000 puntos enumerados en el "pointlist" Z2. Enumerar "points" era
 algo voluntario y no todos los "points" eran enumerados, así que saber cuántos puntos había realmente no es 
posible.
 De hecho existe una "pointlist" completa a nivel europeo compilada a partir de cada "pointlist" regional.
Hoy día existen unos 50.000 puntos enumerados. La mayor parte de ellos en Rusia y Ucrania.
También hoy en día se han simplicado mucho los programas de acceso a FidoNet como "punto" (point), prueba de ello
 son WinPoint, Open XP, D'Bridge, Fido-Package Deluxe, ...


FidoNet tuvo varias especificaciones técnicas para la compatibilidad entre sistemas. El más básico de todos era 
FTS-0001, con el cual todos los sistemas de FidoNet debían contar como requisito mínimo. 
Este sistema FTS-0001 esta definido por:
  • "Handshaking"(Apretón de manos) .
  • Protocolo de la transferencia (XMODEM): protocolos que se utilizaban para transferir los archivos de correo de 
  • FidoNet entre los sistemas.
  • Formato del mensaje: formato estándar para los mensajes de FidoNet cuando éstos son intercambiados entre
  •  sistemas.
Una gran variedad de especificaciones que son muy usadas fueron proporcionadas por Echomail, como diversos 
protocolos de la transferencia, métodos de "handshake" (por ejemplo: Yoohoo/Yoohoo2u2, EMSI), 
compresión de archivos, formato del "nodelist"…


La política de FidoNet dicta que por lo menos una línea de cada nodo de FidoNet debe estar disponible para aceptar el
 correo de otros nodos de FidoNet durante una hora particular de cada día.
Zone Mail Hour, como fue llamada, varía dependiendo de la localización geográfica del nodo, y fue diseñado para que
 ocurriese durante la mañana temprano. La hora exacta varía dependiendo de la zona horaria, y se requería un nodo 
con una única línea telefónica para no aceptar llamadas telefónicas. En la práctica, y sobre todo hoy en día, 
la mayoría de los sistemas de FidoNet tienden a aceptar el correo en cualquier momento del día cuando la línea 
telefónica no está ocupada, esto ocurre generalmente durante la noche.


Hay varios tipos de acceso:
  • Acceso como "punto": se utiliza un programa especial, similar a un cliente de correo electrónico como 
  • OutlookMozilla, The Bat, ... El acceso puede ser a través de una línea telefónica o de Internet 
  • (protocolos binkp, telnet, ifcico, ...). Para ello puedes combinar y configurar varios programas 
  • (un mailer, un procesador de correo y un editor) o bien usar un solo programa que incluye todas esas opciones 
  • WinPoint u OpenXP.
  • Acceso desde BBS: se conecta a través de un BBS miembro de FidoNet, por línea telefónica o por Internet 
  • (telnet). Desde el BBS se puede leer el correo en modo "online" u "offline" (usando el correo offline QWK/BW).
  • Métodos alternativos: No es lo más recomendable por no ser los medios propios y tradicionales de FidoNet, 
  • pero también se puede acceder a las áreas de correo a través de la web (foros), grupos de noticias, 
  • listas de correo...